Escoge la senda que conduce a la conducta virtuosa, y evita el camino de la maldad.

No tomes los atajos que te aseguran triunfar con rapidez.

No hagas en la oscuridad lo que piensas que nadie sabe.

Practica autodisciplinas que te beneficien a ti y a los demás, para de ese modo desarrollar tu fortaleza interior, pero no alardees de ella.

Sé compasivo con todos los seres vivos.

Sé leal a tu buen trabajo.

Ayuda a tus padres y mayores cuando lo necesiten.

Sé amistoso y compasivo con los más jóvenes.

Endereza primero tu vida antes de enseñar a los demás.

Ten compasión de los huérfanos.

Ayuda a la viuda desvalida.

Protege a los más jóvenes.

No lastimes a ningún insecto, planta, arbusto o árbol sin una buena razón.

Compadécete de los problemas de otras personas.

Alégrate de los éxitos de los demás.

Ayuda a los demás cuando lo necesiten.

Salva a la gente del peligro.

Considera el logro de otra persona como si fuera el tuyo.

Ten compasión por la pérdida de otro, y considérala como si fuera tú perdida.

No pongas en evidencia los defectos de los demás, ni pretendas deslumbrarles con tus propios méritos.

Detén la expansión de influencias negativas y colabora en el desarrollo del bien.

Aceptar algo incompleto, no protestar cuando te humillan y sorprenderte al recibir un favor son signos de crecimiento espiritual.

Cuando ayudes a otra persona, no esperes nada a cambio.

No sientas remordimientos por haber beneficiado a la gente.

-El Tao de la Vida Cotidiana, Hua-Ching Ni