-Fragmento de "Conversaciones con Dios" , de Neale Donald Walsch

Cuando entiendes esto con claridad, cuando lo comprendes en profundidad, entonces bendices intuitivamente todas y cada una de tus experiencias, todo encuentro humano, y especialmente las relaciones personales humanas, pues las ves como algo constructivo en su más alto sentido. Ves que pueden utilizarse, que deben utilizarse, que se utilizan (lo quieras o no), para construir Quien Realmente Eres.

Esta construcción puede ser una magnífica creación de tu propio designio consciente, o una estricta configuración de los acontecimientos. Puedes elegir ser una persona que sea producto simplemente de lo que haya acontecido, o de lo que hayas elegido ser y hacer en función de lo que haya acontecido. Es en esta última forma en la que la creación del Yo se hace consciente. Es en la segunda experiencia en la que el Yo se realiza.

Bendice, por tanto, toda relación, y considera cada una de ellas como especial y constitutiva de Quien Realmente Eres y ahora eliges ser.Ahora bien, tu pregunta alude a las relaciones humanas individuales de tipo romántico, cosa que entiendo. De modo que permíteme referirme, específicamente y por extenso, a las relaciones amorosas humanas, ¡ese asunto que sigue dándote tantas preocupaciones!

Cuando las relaciones amorosas humanas fracasan (en realidad, las relaciones nunca fracasan, excepto en el sentido estrictamente humano de que no producen el resultado que quieres), es porque se habían iniciado por una razón equivocada.(Por supuesto, «equivocado» es un término relativo, que significa algo opuesto a lo que es «correcto», sea lo que sea. Resultaría más exacto, en vuestro lenguaje, decir «las relaciones fracasan -cambian- más a menudo cuando se han iniciado por razones no totalmente beneficiosas o que conduzcan a su supervivencia».)

La mayoría de la gente inicia las relaciones con las miras puestas en lo que puede sacar de ellas, en lugar de lo que puede aportar a ellas.El objetivo de una relación es decidir qué parte de ti mismo quisieras ver «descubierta»; no que parte de la otra persona puedes capturar y conservar.Sólo puede haber un objetivo para las relaciones, y para toda la vida: ser y decidir Quien Realmente Sois.

Resulta muy romántico decir que tú no eras «nada» hasta que llegó esa otra persona tan especial; pero no es cierto. Y, lo que es peor, supone una increíble presión sobre esa persona, forzándole a ser toda una serie de cosas que no es.Al no querer «desengañarte», trata con gran esfuerzo de ser y hacer esas cosas, hasta que ya no puede más. Ya no puede completar el retrato que te has forjado de él o ella. Ya no puede desempeñar el papel que se le ha asignado. Surge el resentimiento. Y después la cólera.Finalmente, para salvarse a sí misma (y la relación), esa otra persona especial empieza a recuperar su auténtico yo, actuando más de acuerdo con Quien Realmente Es. Y en ese momento es cuando dices que «realmente, ha cambiado».

Resulta muy romántico decir que, ahora que esa otra persona especial ha entrado en tu vida, te sientes completo. Pero el objetivo de la relación no es tener a otra persona que te complete, sino tener a otra persona conla que compartir tu completitud.He aquí la paradoja de todas las relaciones humanas: no necesitáis a una determinada persona para experimentar plenamente Quiénes Sois, y... sin un otro, no sois nada.Aquí radica a la vez el misterio y el prodigio, la frustración y la alegría de la experiencia humana. Requiere un conocimiento profundo y una total voluntad vivir en esta paradoja de un modo que tenga sentido. Y observo que muy pocas personas lo hacen.