El secreto del anillo:

    La cosa más básica que has de tener presente es que cuando te sientas bien, en un estado de éxtasis, no debes pensar que va a ser un estado permanente. Vive el momento tan alegremente como puedas, sabiendo muy bien que ha venido y se irá, como la brisa que entra en tu casa, con toda su fragancia y frescor, y sale por la otra puerta.

Esto es lo más fundamental, si piensas que puedes hacer que tus momentos de éxtasis sean permanentes, ya has empezado a destruirlos. Cuando vengan, agradécelos, cuando se vayan, siéntete agradecido a la existencia. Permanece abierto. Ocurrirá muchas veces; no enjuicies, no seas un elector. Permanece libre de elecciones.

Una antigua historia sufí cuenta.....

Un rey dijo a los sabios de la corte:

-Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total. Tiene que ser muy pequeño, de manera que quepa escondido debajo del diamante del anillo.

     Todos ellos eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total.... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada.

El rey tenía un anciano sirviente que era casi como su padre; también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente había cuidado de él; por tanto, lo trataba como si fuera de su familia. El rey sentía un inmenso respeto por él.

El anciano dijo:

- No soy un sabio, un erudito, un académico; pero conozco el mensaje, porque sólo hay un mensaje. Y esa gente no te lo puede dar; sólo puede dártelo un místico, un hombre que haya alcanzado la realización.

      Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como regalo de agradecimiento por mis servidios, me dio este mensaje - y lo escribió en un papel, lo dobló y se lo dio al rey-

No lo leas, manténlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando nada haya salido como esperabas, cuando no encuentres salida a la situación.

 Y ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida, y sus enemigos le perseguían. Estaba solo y sus perseguidores eran numerosos. Y llegó a un lugar donde el camino se acababa. No había salida: del otro lado había un precipicio y un profundo valle.

Caer por él sería el fin. No podía volver, el enemigo le cerraba el camino y ya podía oír el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante, y no había ningún otro camino....

    De repente se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso. Simplemente decía: "Esto también pasará".

Mientras leía "esto también pasará", sintió que se cernía sobre él un gran silencio. Y aquello pasó.

Todas las cosas pasan; nada permanece en este mundo. Los enemigos que le perseguían debieron de perderse en el bosque, debieron de haberse equivocado de camino; poco a poco dejó de oír el trote de los caballos.

El rey se sentía tremendamente agradecido al sirviente y al místico desconocido. Aquellas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, lo volvió a poner en el anillo, reunió a sus ejércitos y reconquistó el reino. Y el día que entraba de nuevo victorioso en la capital hubo una gran celebración con música, bailes... y él se sentía muy orgulloso de sí mismo. El anciano estaba a su lado en el carro y le dijo:

-Este momento también es adecuado: vuelve a mirar el mensaje.

-¿Qué quieres decir? - preguntó el rey-. Acabo de salir victorioso, la gente celebra mi vuelta, no estoy desesperado, no me encuentro en una situación sin salida.

-Escucha- dijo el anciano-; esto es lo que me dijo el santo: el mensaje no es sólo para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando estás derrotado; también es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último; también es para cuando eres el primero.

El rey abrió el anillo y leyó el mensaje: "esto también pasará", y de repente, la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que se regocijaba, que celebraba, que bailaba.... pero el orgullo, el ego, habían desaparecido.

Todo pasa.