Se cuenta la anécdota de que estando Diógenes un día en las afueras de Corinto,durmiendo dentro de una vieja bota de vino, se le acercó Alejandro Magno, que informado acerca de la pecualiaridad de ese hombre, se le acerco y le dijo:
"Yo soy Alejandro Magno"
"y yo soy Diógenes el cínico".
Entonces Alejandro le preguntó qué podía hacer para servirle, que le daría todo lo que el deseara, pues él era el hombre más poderoso del mundo.
El filosofo le respondió simplemente:
"Puedes apartarte para no quitarme el sol?".
Dicen que Alejandro quedó tan impresionado con el dominio de sí mismo del cínico, que se marchó diciendo "si yo no fuera Alejandro Magno, querría ser Diógenes.

 

El filosofo Aristipo adulaba y rendia culto al poder de la corte de Dionisio, tirano de Siracusa.Una tarde paseando por la plaza, se encontró con Diogenes, quien comia un plato de lentejas sentado en medio del suelo.
-"Si adularas a Dionisio, no te verias obligado a comer lentejas" - Le dijo Aristipo
-"Si tuvieras suficiente con lentejas, no te verias obligado a adular a Dionisio" - replico Diogenes


Cuentan que Diogenes acostumbraba a acercarse al mercado de Atenas.Miraba todo con atencion y se iba, siempre sin comprar nada.
Cuando le preguntaban la razon de su particular proceder, contestaba:
-"Me encanta ver la cantidad de cosas que no necesito para ser feliz"